NATALY CÁRDENAS
El Teatro del Pueblo se pintará de verde con una movilización obligatoria operada bajo la bandera de del Partido Verde, para celebrar “20 años de Gallardía”.
Capturas de pantalla de coordinadores del PVEM evidenciaron la orden para simular músculo político en el festejo, mientras que algunos ciudadanos denunciaron haber sido amagados con la cancelación de sus “apoyos sociales”.
Este “modus operandi” se ha vuelto cada vez más evidente. A mediados de junio, en el estadio Libertad Financiera se observó una historia similar, cuando se obligó a burócratas y estudiantes a asistir para simular un lleno total en el evento del gobernador. Documentos oficiales revelaron cómo se autorizaron esquemas de “home office” y flexibilidad laboral con la intención de liberar a los empleados estatales para que acudieran a llenar el recinto.
La maquinaria gallardista tiene matices más oscuros. En la marcha contra la “Ley Serrano”, las convocatorias dejaron de ser pasivas y se documentaron peticiones de “acarreados” para conformar grupos de choque destinados a reventar manifestaciones.
El colmo del derroche quedó también expuesto en los eventos encabezados por la senadora Ruth González y en los que se repartieron estampitas del mundial.
Celebrar dos décadas del “Gallardismo” que nació bajo las siglas del PRD es, en realidad, festejar veinte años de un pragmatismo político que muta según su conveniencia.
Lo que mañana se promoverá en la Fenapo como una “fiesta de identidad y orgullo potosino” no es más que la conmemoración de una marca familiar que confunde la historia de un estado con su propia biografía política, obligando a los ciudadanos a aplaudir un aniversario que les ha costado millones a sus bolsillos.


